Jorge Rubio Fernández | Valladolid

Mírate a los pies, ¿llevas unos zapatos Oxford? Pues ahora te contamos algo que a lo mejor desconocías. ¿Por qué los Oxford son en realidad, Oxford?

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Estos zapatos tienen mucho camino andado desde su origen en Gran Bretaña, logrando dejar la huella del british gentleman y de la elegancia masculina durante siglos. Son originarios de Irlanda y Escocia, por ello, se les conoce también como Balmorals recordando al Castillo del mismo nombre.

Los más tradicionales son lisos y siempre con cinco o seis pares de orificios para los cordones (si no, aunque fuesen similares no serían auténticos Oxford), pero hay múltiples versiones más o menos adornadas en la puntera con pespuntes o punteados: Legate, Semi-brogue, y Full-brogue. ¿Cuál es su seña de identidad? Además del característico troquelado, se distingue del otro tipo principal de zapatos masculino (el zapato Derby), porque las dos aletas de cuero para los cordones se cosen junto al fondo en una única pieza.

Un largo recorrido para unos zapatos: Del bosque a la oficina

Buscando un poco en lo mundano de la historia de este icono del clasicismo inglés, y mirando más allá de la simple curiosidad, se dice que los creadores de este tipo de calzado fueron los campesinos irlandeses que hacían unas diminutas perforaciones en la puntera de sus zapatos para facilitar el secado del interior. Práctica comprensible para un clima donde la lluvia y los cielos grises campan a sus anchas. Más adelante, los guardabosques ingleses por obvia utilidad también utilizarían este tipo de calzado como uniforme. Décadas más tarde la confección del zapato Oxford comenzó a perfeccionarse. A partir de entonces las perforaciones se fueron haciendo cada vez más finas para terminar siendo simplemente un adorno del zapato.

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Sin embargo, su fama  y también su nombre llegó en el s. XIX cuando se convirtieron en el imprescindible (los más cool dirían must have) de los universitarios de Oxford. Hay que matizar que esta moda triunfó por su versatilidad, pues se fabricaba en diferentes materiales, lo que le permitía adaptarse a la vida universitaria, pero en un formato botín adecuado tanto para dar traspiés por las aulas como para las ceremonias más festivas.

Eduado VIII, Príncipe de Gales, considerado como uno de los hombres más elegantes de Europa, sorprendió las miradas la alta sociedad acudiendo a jugar al golf con zapatos Oxford. Este tipo de calzado le gustaba tanto que decidió vestir una versión más elegante del mismo durante los acontecimientos sociales. El Oxford empezó a pasearse por oficinas y despachos, y a raíz de ese momento, muchos hombres comenzaron a utilizar este zapato troquelado con traje y corbata para acudir a sus lugares de trabajo.

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Los hemos visto en numerosas ocasiones, calzados en pies muy famosos o desapercibidos, y desfilando o bailando en escenarios, con paso moonwalker incluido. Os propongo un flashback, ¿recordáis al Michael Jackson de los 80 con su propia versión en blanco con la puntera negra? Los bicolores blancos y negros, fueron dueños de las pistas de baile en otras épocas, y hoy siguen siendo para los más atrevidos y los amantes del black and white.

Todo tiene un antes y un después, y nuestros zapatos no son menos importantes. Han evolucionado con nosotros dejando atrás un largo camino. Versionando un poema de Machado, podemos decir que el camino se hace al andar…y según con qué vistamos nuestros pies, mejor o peor. ¿Tienes ya unos Oxford? Pues ya estás listo para dar un paso adelante. ¡Quién sabe dónde te llevarán! Tal vez te acompañarán muy lejos…