Pepe Álvarez de las Asturias

Hace apenas un mes, el 28 de enero, celebramos el nacimiento de Auguste Antoine Piccard, que además de ilustre inventor suizo, doctor en física, profesor, pionero, explorador estratosférico, investigador de las profundidades marinas y padre y abuelo de aventureros… fue Silvestre Tornasol, el mismísimo profesor que inmortalizó Hergé en Las Aventuras de Tintín.

Piccard

Al igual que en el caso del propio Tintín, cuyo personaje inspiró directamente el joven aventurero danés Palle Huld, para el despistado profesor Tornasol Hergé buscó igualmente inspiración en una persona real, también científico e inventor (aunque suponemos no tan despistado ni tan duro de oído), con los mismos rasgos físicos e incluso con sus peculiares gafas redondas e idéntico peinado (o despeinado). Y si Tornasol ‘nació’ en 1943, en el álbum El tesoro de Rackham el Rojo, Auguste Piccard lo hizo unos años antes, en 1884, en la ciudad suiza de Basilea. Con sólo 20 años publicó su primer trabajo científico(Nuevos ensayos sobre la sensibilidad geotrópica de las extremidades de las raíces), en 1910 obtiene el doctorado y en 1922 es nombrado profesor de física en la Facultad de Ciencias Aplicadas de la Universidad libre de Bruselas. Y en efecto, durante esta época compaginó las ciencias aplicadas con la aplicación de la ciencia, llevando a cabo sus primeros ensayos de vuelo en globo por la estratosfera.

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Sólo unos años después, en 1925, fue el primer hombre que utilizó una nave presurizada, desarrollada por él mismo, capaz de transportar personas e instrumentos científicos a grandes altitudes, colgada de un globo aerostático. Fue el inicio de una carrera de records que se turnaron el mismo Auguste Piccard y su hermano gemelo Jean-Félix: 15.780 m de altitud en la primera ascensión de Auguste, en 1931; 16.971 m al año siguiente, conseguidos por él mismo junto a su mujer (afamada fotógrafa); y finalmente los 17.500 m en 1934 logrados por su hermano. Además de recoger inéditas muestras y datos científicos, los tres intrépidos aeronautas observaron y admiraron la curvatura de la Tierra como nadie antes había visto jamás.

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Sin embargo las vistas estratosféricas no debieron ser suficiente para el inquieto aventurero e inventor, así que decidió batir otro récord kilométrico, pero esta vez hacia abajo. En 1937 comenzó a desarrollar un batiscafo capaz de realizar inmersiones marinas, pero sus trabajos se vieron interrumpidos por la II Guerra Mundial; una vez acabada la guerra, finalizó su invento, con el que realizó innumerables inmersiones, llegando a los 3.150 m. Pero Piccard quería ir más allá, y en 1948 desarrolló un batiscafo capaz de descender a lo más hondo de las profundidades marinas con tripulación humana, soportando una presión inimaginable hasta la fecha. Después de años de pruebas y prototipos, en 1954 el sumergible FNRS III (Fonds National de la Recherche Scientifique) alcanzó la profundidad de 4.050 m con dos tripulantes.

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Pero el verdadero récord de profundidad, aún hoy no superado, tuvo lugar en enero de 1960, en la fosa de las Islas Marianas. El protagonista fue un Piccard, sí, pero no Auguste, ni su gemelo Jean-Félix, sino Jacques, el hijo del inventor. El récord, 11.000 m de profundidad, que logró con el ingenio de su padre; una hazaña submarina que nadie ha osado repetir en más de 50 años. Pero la saga científico-aventurera de los Piccard continúa: su nieto Bertrand fue el primer hombre en circunvalar el globo terráqueo sin escalas con un aerostato, en 1999. Auguste Piccard falleció en 1962, pero su naturaleza pionera permanece indiscutiblemente viva en sus descendientes, dignos continuadores de ese espíritu genuino, mezcla perfecta del científico Tornasol y el aventurero Tintín.

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