Jorge Rubio Fernández | Valladolid

Es el icono de la elegancia masculina, el acompañante infalible en cualquier alfombra roja y un complemento imprescindible en el armario del hipster de hoy. Sin duda, hablamos de la pajarita -conocida internacionalmente por bow tie-, el tipo de corbata con lazo que marcó un hito, un antes y un después en el vestir masculino. Para nosotros siempre será la pajarita, como si de papel se tratara. Este gracioso nombre que le damos tan sólo se refiere a la forma del cuello de las camisas de esmoquin que recuerda, con sus ángulos hacia afuera, unas alas de pájaro, echándole imaginación claro. Haciendo un pequeño homenaje a esta pequeña prenda con mucha personalidad, miramos al pasado buscando sus orígenes y recordando el larguísimo camino que ha recorrido hasta llegar a nuestros armarios.

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¿Corbata o pajarita? Nos preguntamos a menudo. Esta indecisión no tiene tanto sentido si sólo pensamos en que el origen de la pajarita es idéntico al de su archienemiga en el armario, la clásica corbata. Ambas, por igual, proceden de una misma primitiva tira de tela.

Sin ningún tipo de mito ni leyenda, por casualidad o no, la aparición de ésta prenda se sitúa en el siglo XVII entre las filas de los mercenarios croatas en plena contienda de las guerras prusianas. Lejos de ser un elemento decorativo de la vestimenta y absolutamente diferente de la pajarita que hoy conocemos, la primitiva corbata de lazo empleada por los croatas se escogió por funcionalidad. Esta novedad en la uniformidad militar tradicional consistía en una delgada bufanda alrededor del cuello para unir la abertura de las camisas.

Corría el año 1660, y un pacto de guerra convertiría este accesorio en la mayor tendencia de moda de la época, cuando el regimiento croata, se pone al servicio del rey Luis XIV, el Rey Sol. Debió de ser por la presencia de este ejército, ataviado con su tela de lino blanco ajustada al cuello con un nudo, que la hrvatska” -así conocida por los croatas-llamó la atención al soberano francés de tal manera, que ordenó diseñar pañuelos similares para el uniforme de su ejército.

Llamada desde entonces por los franceses cravat o cravatte, tal vez por su nacionalidad croata, ésta prenda fue pronto acogida en el país galo, líder en la moda de la época. Entre las clases altas encontró su lugar, entendida como símbolo de estatus social, y su uso se extendió como un rumor a lo largo de los siglos XVIII y XIX, dando incluso lugar a connotaciones políticas durante el estallido de la Revolución, porque revolucionarios y contrincantes se diferenciaron por el color de la cravatte.

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Grabado del artista francés François Courboin del año 1898 que refleja el paseo de un dandy francés  por los jardines de Tuileries de París

La fama de este accesorio cruzó el mar hacia Inglaterra, donde el dandy del momento,  Lord Brummel, dejó patente la obsesión por estas precursoras de las corbatas y sus formas de anudarlas. Tal fue la preocupación en el sector masculino por encontrar la forma adecuada de anudar este popular pañuelo que incluso una revista de moda del momento publicó un listado con infinidad de nudos diferentes y, lo más importante, cómo hacerlos. Incluso Balzac escribió un libro sobre este tema  ‘L’Art de se mettre la cravatte’.

Desde este momento la evolución de este complemento en texturas, formas, estampados y colores fue imparable, avanzando desde las almidonadas corbatas de lazo de principios del s.XIX hasta las cintas del sombrero de los universitarios del Oxford’s University Exeter College, que a partir de 1880 cambiaron de utilidad, pues decidieron atárselas al cuello para diferenciarse por ser miembros de esta institución.

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A principios del siglo XX estos accesorios ya se fabricaban en toda Europa y la visión comercial americana también había evolucionado la originaria cravatte convirtiéndola en la bandanna, un pañuelo con estampados que se enroscaba en el cuello y se anudaba con un lazo.

Hay un alto en el camino. A partir de aquí, existen diversidad de opiniones. Hay partidarios de que desde esta etapa aparecieron la corbata y la pajarita tal y como las conocemos hoy, cada una por su lado, pero nadie se atreve a asegurar ¿cuál llegó antes de las dos? ¿Quién llegó primero? Las dudas asaltan la historia. Ese proceso de especialización de su diseño se desconoce. ¿Qué fue primero la corbata o la pajarita? ¿El huevo o la gallina? La evolución a veces es difícil de seguir.

Lo que está claro es que, el auge de la corbata de lazo traspasó las décadas, y diseñadores del siglo pasado, como Charvet, la dotaron de nuevas características: cambiaron las formas de sus lazos, se realizaron en nuevos materiales, las medidas se estandarizaron, incluso avanzaron en lo práctico.  Los hombres suspiraron de alivio, se habían creado las pajaritas ready tie, de clip y con el lazo preatado.

La reina del estilo preppy

 

 

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En el transcurso del siglo siguió su avance con la moda de los años cincuenta en las Universidades de la Ivy League, con el estilo preppy, que convirtió a la pajarita en un indispensable de esta subcultura urbana, y le hizo traspasar de nuevo  fronteras. Y un hito de la década de los 80 dio a las pajaritas un género nuevo, saltando al ámbito femenino, y dando, por vez primera, la oportunidad a las mujeres de adaptar la pajarita a su vestimenta profesional.

Desde esta difusión globalizada que las acercaba a todos los ámbitos, las pajaritas también comenzaron trayectorias profesionales. Destacaron en los cuellos de ingenieros, químicos, científicos… y formaron desde entonces parte de muchos uniformes de trabajo, donde se introdujeron por las ventajas de evitar mancharse o quedar enganchado accidentalmente en determinadas máquinas, y desde luego por ser indispensables en el más correcto protocolo.

Incluso ha habido muchas pajaritas famosas. Quedaron para la posteridad  y en nuestra memoria  personajes mundialmente conocidos que las vistieron. Así, recordamos: pajaritas diplomáticas como la de Winston Churchill, con talento musical como las de Frank Sinatra, salpicadas por la creatividad las de Le Corbusier, y alguna que otra, entre divagaciones, acompañó  a Nietzsche. Tampoco dejaron de lado la gran pantalla de cine, donde atadas al cuello de diferentes James Bond cumplieron misiones especiales o impostaron con Marlon Brando esa voz célebre de El Padrino. Sin olvidar tampoco, que también el Pato Donald o Mickey Mouse nos despertaron sonrisas ataviados con esta pequeña prenda.

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No todo son caminos de rosas, y el último cambio de siglo ha sido difícil para este complemento, y es que durante algunas décadas -las últimas- perdieron presencia en las calles, por tener asegurada su plaza en la vestimenta clásica de noche, donde la cotidiana corbata  -tal y como la conocemos-  , no es un competidor. Las pajaritas en esta carrera por los siglos han sufrido altibajos, escalando o cayendo por la lista de tendencias in&out. Quizá por su característica innata, el hecho de nunca ser indiferentes. Gustan mucho o nada.

En estos días, el resurgimiento del estilo preppy y la moda hipster las han traído de vuelta para quedarse en los roperos de los más modernos y atrevidos. ¡Después de lo que dejaron atrás quién sabe dónde llegarán! Son pequeñas pero, nos han demostrado que saben llegar muy lejos.

preppy el ganso