Pepe Álvarez de las Asturias

Una tarde de abril de 1892, finalizados los servicios religiosos, el reverendo John M. Scott realizó su acostumbrada visita a la farmacia Platt & Colt, en el centro de Ithaca, Nueva York, propiedad de su amigo Chester C. Platt, con el que gustaba charlar de lo divino y lo humano. El día era caluroso y Platt pidió a su ayudante que les preparara un sencillo helado de vainilla, para refrescar la conversación; pero lo que les sirvió fue dos copas de helado recubierto por sirope de cereza con sendas cerezas confitadas en lo alto de cada bola. El invento resultó ser tan sugerente a la vista y tan sabroso al paladar que los dos amigos se sintieron empujados a darle un nombre apropiado. El reverendo Scott sugirió el día en el que fue creado, Sunday (domingo, en inglés); Platt añadió el toque “cereza” y quedó así bautizado como “Cherry Sunday”.

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Según parece, la prohibición de tomar helado los domingos, establecida en algunos estados, acabó transformando el original “sunday” en “sundae” (para disimular), que es el nombre con el que ha llegado hasta nuestros días y con el que se ha transformado a lo largo de décadas en el helado más famoso de Estados Unidos y, por ende, del mundo civilizado.

Pero como suele suceder con todos los grandes inventos americanos (los perritos calientes, las hamburguesas, el pastel de manzana…) inevitablemente se abre el debate entre diversos individuos atribuyéndose la paternidad de la criatura o entre diversas poblaciones arrogándose el honor de ser cuna de su nacimiento. Y el archifamoso sundae no iba a ser una excepción. La diferencia es que en el caso del helado sí hay una larga serie de pruebas fehacientes y documentadas que prueban su origen histórico sin ningún lugar para la duda.

Varias ciudades americanas, lo han intentado: Two Rivers, Evanston, Plainfield, Cleveland, Buffalo o Nueva Orleans han sido las más fervientes. En Two Rivers, por ejemplo, cuentan la historia de un tal George Hallauer que pidió al dueño de la heladería Berner’s Soda Fountain que le vertiera sirope de chocolate sobre el helado, allá por 1881; según parece, Berners empezó a servir el helado de esa manera los domingos, y de ahí el origen del nombre. Cuando Berners murió, en 1939, el Chicago Tribune encabezó su obituario con el titular “Muere el hombre que hizo el primer helado Sundae”. Sin embargo, dos estudiantes del instituto de Ithaca demostraron que Berners debía tener sólo 16 años en 1881 y que, claro, resulta bastante improbable que a esa temprana edad fuera el propietario de una heladería.

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En el caso de Evanston la historia es más peregrina. Basan su reivindicación en que durante los primeros años 90 estaba prohibido servir helado con soda los domingos, de forma que unos ingeniosos heladeros de la localidad comenzaron a preparar su producto con sirope en lugar de soda, invento al que llamaron el Sunday Soda, nombre que luego se transformó en Sundae. En cuanto a los ciudadanos de Plainfield, defienden la teoría de que fue un farmacéutico de origen germano llamado Mr. Sonntag quien creó este postre buscando “servir algo diferente” a sus golosos clientes; a ese helado “diferente” lo llamó “sonntag”, que significa domingo en alemán; después, sin mayor explicación, sonntag se transformó en sunday y finalmente en sundae.

Sin embargo, las pruebas que avalan el nacimiento del primer y verdadero sundae en Ithaca, Nueva York, son bastante más consistentes. Empezando por un anuncio de Platt & Colt promocionando su “Cherry Sunday” en el Ithaca Daily Journal, fechado el 5 de abril de 1892; en mayo de ese mismo año la heladería también servía “Strawberry Sundays”, bañados con sirope de fresa, y “Chocolate Sundays”. Los “Sundays” de Platt & Colt se hicieron tan populares que Chester Platt decidió proteger su marca y registró el nombre en marzo de 1894. Existen además numerosas cartas, libros, documentos, diarios y anuncios en periódicos locales que ratifican de manera contundente e irrefutable que Ithaca ostenta, oficialmente, el título de “lugar de nacimiento del helado Sundae”.

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Un helado que ha conquistado, a lo largo de más de un siglo, los paladares de millones de niños, adolescentes y adultos en todo el mundo, en cualquiera de sus deliciosas variedades. Desde el clásico de vainilla con sirope de diferentes sabores, además de nata y cerezas, hasta el famoso “Hot Fudge” con chocolate caliente, pasando por el “Banana Split” con plátano y tres bolas de helado de tres sabores y tres siropes, o el “Brownie Sundae”, con irresistible bizcocho de chocolate, helado de vainilla, chocolate fundido, cremosa nata, nueces y cerezas. Sin olvidar el más caro del mundo, que con el sugerente nombre de “Serendipity Golden Opulence Sundae”, se puede degustar en el restaurante Serendipity de Nueva York a un precio de 1.000 dólares; claro que está compuesto de cinco bolas de helado de vainilla de Madagascar cubiertas por virutas de oro de 23 kilates, exclusivo chocolate Chuao, caviar American Golden, Armagnac, frutas de París, mazapán de cerezas y fruta de la pasión; y lujosamente servido en copas de cristal Baccarat Harcourt con cucharas de oro de 18 kilates.

Sea de la variedad que sea, contenga los ingredientes que contenga, el Sundae es desde hace 122 años un placer único, pionero e irrepetible. Con oro o sin oro.

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