Jorge Merino

 

Durante la segunda mitad del sigo XIX contó con todo su esplendor, los barcos provenientes de Europa debían atravesar el Estrecho de Magallanes como único enlace entre los océanos Atlántico y Pacífico. Pasada esta prueba subían bordeando la costa chilena casi hasta navegar a la altura de Santiago. Allí atracaban en el principal puerto de Latinoamérica ubicado en el interior de una bella bahía, vigilada por un anfiteatro natural compuesto por un total de 43 cerros, en la actualidad poblados por pequeñas casas coloridas colocadas dentro de un desorden lógico, como si de lava de un volcán se tratase bajan para terminar su recorrido en el mar.

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Hablamos de la ciudad de Valparaíso, declarada en el año 2003 Patrimonio de la Humanidad por las UNESCO, cuando la visitas es fácil imaginarse que la ciudad vivió una época mejor, de bonanza y referencia. La apertura del Canal de Panamá afectó directamente al tránsito de mercancías y su puerto pasó a un segundo plano a nivel internacional, pero como cualquier ciudad portuaria, la llegada y mezcla con otras culturas era continua y eso se puede apreciar en su arquitectura y actitud ante la vida. Estilos franceses, alemanes e ingleses se mezclan con lo autóctono y mantienen su presencia en las calles de Valpo, como es conocido familiarmente.

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La Joya del Pacífico, como también es apodada, tiene un aire similar a la ciudad portuguesa de Lisboa. Un arco iris de colores compuesto por las pequeñas casas a lo largo de los cerros, sus callejuelas, pasadizos, grafitis y arte urbano, restaurantes gourmet y sus hoteles boutiques, muestran la herencia que dejó la bohemia viviente el siglo pasado. Arquitectos, pintores, músicos y poetas junto con los marineros y algunos piratas no quedaron indiferentes a la magia de esta ciudad costera, como por ejemplo Pablo Neruda, quien mandó construir aquí una de sus tres casas.

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Si bien no es la principal ciudad de Chile, en muchos casos es más cosmopolita y moderna que la capital. Para la mayoría de los chilenos es una ciudad amada u odiada, como el gin tonic o Enrique Bunbury, no deja indiferente ni permite medias tintas. Tras unos años algo más oscuros la ciudad está reviviendo su espíritu bohemio e inquieto, con la colaboración de varios colectivos culturales que están restaurando antiguos edificios en pro de la cultura o la nueva oleada de artistas de gran calidad.

 

Por último añadir dos datos más. Si usted vas a visitar Valparaíso, ojala coincida con Fin de Año, su celebración en las calles y el espectáculo pirotécnico que alumbra toda la bahía la hacen ser una de las mejores del mundo. El hecho de que el Mercurio de Valparaíso sea el diario de habla hispana más antiguo del mundo en circulación, no es casualidad.