Mateo Rouco | París

 

La imaginación toma el poder de mi persona y me arrastra a diario a mundos de ensueño. Y cuando se evapora, cuando me deja solo frente al mundo, solamente me aconseja mantener siempre mis ilusiones, ya sean infantiles, adolescentes o adultas, pues poco importa de dónde provenga la ilusión siempre y cuando ésta anime lo suficiente. Quiero confesaros un secreto: soy drogadicto. Pero tranquilos, no soy el tipo de drogadicto que pensáis. Mi droga preferida – y espero que la de muchos de vosotros – son los sueños y las ilusiones. Llamémosle la droga de la felicidad.

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Aquellos que gozan de la gracia de soñar se convierten de forma automática en adictos pues no pueden parar de crear un sueño tras otro y cuando ven que uno se ha cumplido corren enérgicamente hacia otro guiados por una extraña fuerza sobrenatural. Repito, son adictos y su adición es absolutamente cojonuda. Imagino que de pequeños han leído en exceso la muy recomendable obra de Calderón de la Barca titulada ‘la vida es sueño’ y quizás dicha sobredosis de lectura les haya llevado a vivir una vida de sueño y a ser adictos a las endorfinas naturales, culpables máximas de los últimos dos párrafos de desvaríos varios.

Dejarme que os cuente a qué viene todo esto… Hace un par de días he leído un artículo en la revista de la Fundación de la Universidad Autónoma de México en el que se hablaba de las endorfinas. Para aquellos que no conozcáis esta maravillosa sustancia química -producida de forma natural por nuestro cuerpo- me gustaría deciros que ella es la responsable de muchos de vuestros días alegres. Es comúnmente conocida como la droga de la felicidad.  Según apuntan desde la UNAM, las endorfinas estimulan los centros de placer de nuestro cerebro provocando “situaciones  satisfactorias que favorecen y despejan malestares, disminuyendo las sensaciones desagradables”. Cuando nuestro cuerpo produce endorfinas el dolor físico se reduce y aumenta nuestro amor por la vida. ¡Bien! Tenemos la clave. ¡Hay que producir endorfinas! A eso sí podemos ser adictos. Pero, ¿cómo diablos se producen endorfinas?

 

Si queremos que por nuestro cuerpo comience a circular la droga de la felicidad haciendo que las cosas insignificantes de nuestro día  a día nos provoquen una gran alegría tenemos que empezar a reírnos más, escuchar música siempre que podamos, crear ilusiones sanas, es decir, soñar con proyectos futuros olvidando los males del pasado, y debemos practicar ejercicio de forma habitual. Otro genial y magnífico estímulo son las relaciones sexuales. La Universidad de Belfast, en Irlanda, considera que hacer el amor por las mañanas varias veces al mes, aparte de ponernos de muy buen humor, fortalece las defensas, retrasa el envejecimiento y quema calorías. Pues eso, cada mañana toca…

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¡Ah! Y con la risa, por ejemplo, recordad que liberamos tensiones, producimos endorfinas y estimulamos nuestro cuerpo a nivel físico y emocional. En El Ganso nos gusta reír y recibir a nuestros clientes y amigos con alegría. Apostamos por la ilusión como forma de vida y amamos la buena música. Si algún día entras en una de nuestras tiendas prepárate para reír, para compartir un buen rato con nuestros gansos repartidos por el mundo y disfruta de la experiencia pues nosotros estaremos ahí para dar lo mejor de nosotros mismos. ¡Prometido! Si lográis salir de nuestras tiendas con vuestro cuerpo repleto de endorfinas extra estaremos satisfechos pues os habremos ayudado a crear la droga de la felicidad.

 

¡Ah, se me olvidaba!  Antes de irme quiero compartir otro consejo. Además de afrontar siempre las situaciones negativas buscando la parte positiva de lo que os pase, os recomiendo mantener lo más cerca posible a aquellas personas que queráis e incrementar el contacto físico con abrazos, caricias, besos y apretones de manos. En la revista de la UNAM señalan que “el nivel de producción hormonal sube cuando tenemos contacto físico con quien nos aprecia y quiere”. Yo les haré caso. ¿Vosotros?

 


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