Antes de ser la calle peatonal tan representativa del Madrid que todos conocemos, la Calle Fuencarral fue sobre todo un punto céntrico de la capital llamado así porque unía el centro de la ciudad al pueblo de Fuencarral, situado entonces a las afueras de Madrid. Su parte más estrecha, la que une la parada de metro de Tribunal a la Gran Vía, es también la más antigua. La calle sigue subiendo hacia el Norte y se muere hoy en la glorieta de Quevedo, pero no antes, cuando el camino llevaba hasta dicho pueblo de Fuencarral (aquello cambió durante el reinado de Felipe III y se cortó hasta donde está ahora).

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Durante los años 20, sufre la amputación de su inicio debido a las obras de ampliación de la Gran Vía. Así fue como desapareció la vivienda de don Pedro de Astrearena, Marqués de Murillo, que vivía entonces en la parte que unía la calle Hortaleza con la calle Fuencarral. En esta vivienda, que se dio a conocer a través de la expresión “como la casa Astrearena: mucha fachada, poca vivienda”, vivió también María del Toro antes de casarse con Simón Bolivar. De historia política, la calle no peca, en los antiguos números 4 y 6 – ahora desaparecidos y reemplazados por los que conocemos – vivieron varias personalidades, entre ellas, Antonio Cánovas del Castillo, en el número 4 o  la cantante Adelina Patti y la madre del torero Salvador Sánchez Frascuelo, en el 6.

Entre los años 1926 y 1929 se construyó el Edificio Telefónica, el primer rascacielos que tuvo Madrid. La construcción del mismo significó el taponamiento de la calle del Desengaño que antes tenía salida a Fuencarral y delimitaba el antiguo barrio de Maravillas. La obra fue diseñada y dirigida por el arquitecto Ignacio de Cárdenas Pastor. La voluntad era la de construir un edificio que “halagase al posible comprador de acciones” como sede de oficinas y ubicación de la central automática de telefonía con capacidad inicial para 40.000 líneas de abonados.

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En el solar de los números 20 y 22 estuvo durante un tiempo, con vuelta por la calle de Hortaleza, el Convento de los Agonizantes de San Camilo. El mismo llegó en el 1480 desde la antigua y desaparecida calle de San Dámaso, siendo un hospital. Entonces, la Congregación pagaba los gastos de entierro, lo cual obligó a Felipe V en 1643 a entregar el mismo hospital a los padres camilos para impedir que la gente se aprovechara de los entierros gratis. Pocas cosas más sabemos del covento, además de que fue destruido durante la invasión francesa. Ya en 1836 se construyó en este terreno un almacén de papel y a finales del siglo XIX se levantaron edificios para viviendas.

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En 2006, cuando El Ganso sólo tenía dos años, se presenta una oportunidad que no se dejará escapar, la de abrir nuestra primera tienda, la cual estará situada en el número 2, es decir, en el cruce de la calle Fuencarral con la Gran Vía, donde sigue. De aquí El Ganso volará también a Barcelona, Valencia, Bilbao, Palma de Mallorca … y posteriormente a Paris, Santiago de Chile, Londres, Lisboa o México.

La marca ya había crecido cuando en 2009 el Ayuntamiento transforma este primer tramo en peatonal, pasando a ser definitivamente una zona de moda donde se encuentran muchas de las marcas más importantes y convirtiéndose en uno de los lugares preferidos tanto de madrileños como de turistas. Tal evolución conduce a El Ganso a abrir una segunda tienda, cinco años después, a 100 metros de la primera, justo donde antes estaba el Convento de los Agonizantes, en el número 20 y en donde podréis encontrar nuestra colección de mujer además de, por supuesto, la de hombre, calzado y complementos.

 

¡Cuando estéis por el centro de la capital, os esperamos en cualquiera de estas dos tiendas!