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La semana pasada aprovechamos la visita de Kempes a Valencia para presentarse a la afición como flamante embajador del Valencia CF y charlamos con él sobre su vida y ¿cómo no? de fútbol. En el lado de las preguntas pudimos contar con la informada contribución del joven periodista Miguel Mosquera, creador y escritor del blog Menudo Golazo.

Miguel Mosquera: eres una leyenda en el mundo del fútbol en general y en el del Valencia CF en particular. En el caso de este último equipo, has jugado una parte importante de tu carrera en el mismo, ¿cómo fue tu llegada a esta ciudad?

Mi primera llegada a Valencia pasó hace bastantes años ya, ¡muchos años! (risas). Bueno, fue por Pasieguito (Bernardino Pérez «Pasieguito»), que era un antiguo entrenador y fue uno de los que me descubrió por intermedio de una revista muy famosa en Argentina, que ya no existe tanto, El Gráfico. Él me seguía por esa revista todos los fines de semana y se trasladó a Rosario a verme y hablamos. En esa época estaba José Ramos Costa acá de presidente. Nadie me conocía, solamente Pasiego. Se llegó a un acuerdo económico con Rosario Central y me vine. El día que yo llegué acá por primera vez a Valencia fue el 11 de agosto del 76. Con muchas expectativas por mi parte.

 

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¿Le podemos preguntar por esas expectativas?

Entonces, la verdad que mucho mucho no se conocía del fútbol europeo. Sí había muchos muchachos argentinos que estaban jugando en Las Palmas principalmente, pero claro, contacto con ellos no teníamos en ese momento. Así que bueno, era una lotería lo que podía llegar a pasar, menos mal que esa lotería cayó en número justo.

 

Sí, porque llegaste a Valencia y cambiaste la vida del club, ¿en qué manera te cambió a ti esta experiencia?

Bueno, no sé si cambié la vida del club. Yo creo que el Valencia siempre ha tenido buenos equipos y en ese momento Ramos Costa quiso de alguna manera levantar lo que era el Valencia, motivar no solamente a los jugadores sino a los espectadores, e hizo un buen equipo. Lo que pasa es que éramos más coperos que ligueros, pero no tuvimos mala estampa tampoco.

 

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Desde luego, fueron años muy buenos.

 

Miguel Mosquera: ¿notaste mucho cambio del fútbol argentino al fútbol europeo y al español en concreto?

Sí, fue un gran cambio. Porque allá, en ese entonces, se hablaba más de la habilidad del jugador y acá en Europa era un juego de mayor fuerza, de correr más, con entrenamientos más duros. Pero bueno, tampoco fue un cambio tan grande. Me costó el dormir, el cambio del sueño, dormía por el día y por la noche estaba despierto (risas), después ya volvió todo a la normalidad.

 

Miguel Mosquera: en cuanto a la selección argentina y al Valencia, y a la temporada del 77-78, ¿la consideras tu temporada clave? ¿la que recuerdas con más cariño?

Sí, del Valencia guardo los mejores recuerdos. Y tocó en esa temporada, yo salí a jugar, y apenas recién llegado en la temporada 76-77, salí goleador, la siguiente también salí goleador y da la casualidad que también ganamos el mundial siendo goleador del mismo (risas). Así que puedo decir que esos fueron unos de los años mejores que puede tener un futbolista, a lo mejor lo soñás y nunca sucede pero bueno, salió bien y para adelante.

 

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Estarás acostumbrado a los elogios, en cualquier caso, hemos encontrado uno que nos ha gustado particularmente del escritor argentino Roberto Fontanarrosa…

Ah, ¡sí!

 

Te incluyó (como tantísima otra gente) en el equipo ideal de todos los tiempos…

Canalla, canalla… (risas) (canalla es el apodo de los seguidores del Club Atlético Rosario Central en el que jugó Kempes.)

 

Y dijo de ti: «¿El mejor jugador? Kempes. Fue el de mayor jerarquía.» No es mal piropo.

Sí porque él siempre ha sido hincha del Rosario Central, de esos forofo, forofo, no de la platea sino de la tribuna donde están todos los hinchas como se dice. Yo he tenido suerte de caer en equipos en épocas en las que no había tantas figuras. Y se trataba de un equipo realmente, no era tener dos o tres figuras y el resto del equipo que adornase, y por eso yo creo que las cosas salieron bastante bien, tanto en el Instituto de Córdoba como en el Central, después en el Valencia, después River, otra vez Valencia. Eso es lo importante: un equipo. Yo luego he tenido la suerte de ser goleador y la tenía sólo que empujar a veces porque me la daban servida, otras me las tenía que rebuscar pero ya te digo que uno sólo no te hace un equipo, te puede ganar un partido pero no te puede ganar tres seguidos.

 

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Miguel Mosquera: estás diciendo que algunos goles te los daban en bandeja pero el segundo gol cuando el partido iba empatado en la prórroga en el 78, ¿podrías comentar cómo viviste tú esa jugada? ¿te acuerdas o pasó muy rápido para ti?

Bueno, toda jugada de gol pasa enormemente rápido y los festejos son 30 segundos, 45 segundos porque enseguida ya sacan los contrarios y tenés que seguir jugando. Pero no es solamente ese momento, la emoción, o que vos te das cuenta de la alegría de la gente sino que después, después del partido, ves lo que ha significado ese gol para tu equipo, y si has ganado mejor, pero que en una final vos podés a lo mejor soñar desde el primer día de la concentración hasta que termina el campeonato, y además vos soñás de hacer el gol más lindo del campeonato y a lo mejor ni te sale, y en una noche que no soñás a lo mejor lo hacés. Uno siempre quiere hacer algo más de lo que puede hacer pero bueno, yo tuve la suerte de hacer dos goles en una final, y sin soñarlo.

 

Solías jugar a veces con las medias bajadas, éste es un mero detalle de una de las cosas que han cambiado en el mundo del fútbol, pero sí es cierto que se suele decir que la manera en que se jugaba al fútbol hace treinta años no tiene nada que ver con la manera de jugar actual: ¿estás de acuerdo? ¿cómo ves tú el fútbol moderno?

Lo que pasa es antes no se usaban las famosas canilleras. O yo no las usaba nunca, era un peso añadido, algo a lo que no estaba acostumbrado. Pero había muchos que no las usaban. Yo creo que éramos bastante inconscientes porque en cualquier momento te podían romper. Pero bueno, en la Argentina no estábamos acostumbrados. Después también se impuso la moda de que los árbitros te obligaban a ponerte la espinillera y había que ponérsela. Pero yo me las ponía y les sacaba unos barrotitos que tenían de plástico dentro para que no pesara tanto.

 

Aprovechamos que te acabas de probar la ropa de El Ganso y para finalizar nos gustaría preguntarte qué te ha parecido y cómo te ves.

Bueno sí, realmente es cómodo, la prueba ha sido buena. Claro que uno no está acostumbrado a esta ropa moderna pero habrá que acostumbrarse porque es lindo llegar a sentirte diferente.

 

Bueno, Mario, ha sido un auténtico honor para nosotros, muchas gracias.

Muchas gracias.

 

Recupera la ilusión Kempes 800