ruth eligiendo qué zapatos Ganso meter en la maleta

Estamos encantados de presentaros a nuestra amiga Ruth Lewin. En esta ocasión habíamos quedado en Altea para conocer su restaurante, un acogedorísimo rincón en la costa alicantina que se llama Como en Casa y que se encuentra en la calle Jesús, 2 (entra aquí para más información). Nada más llegar, nos dimos cuenta de que el nombre encaja a la perfección, no sólo porque sus aires nos transportan al cuarto de estar y a la cocina de una casa en la que estamos de visita pero en la que nos sentimos como si estuviéramos en la nuestra, sino porque su gastronomía nos ofrece uno de los mejores ejemplos de comida casera que hemos probado en tanto tiempo como el que podamos recordar. Y hablando del arte del buen comer, este tesoro de la Costa Blanca se hace eco de una tendencia internacional que llevamos siguiendo con mucho interés desde hace tiempo en El Ganso, cada vez con mayor repercusión y relevancia, y que en España está despegando con muchísimo vigor: me estoy refiriendo a la «Slow food», o para entendernos, todo lo contrario a la comida rápida o fast food.

Ruth es una persona muy divertida y con una gran variedad de intereses: entre otros muchos, ha trabajado como actriz en cine, publicidad, tv y sobre todo teatro, aunque también pinta y modela… pero por supuesto, su trabajo más suculento, el de chef del restaurante Como en Casa…

En Como en Casa, cuando uno llega, lo primero que recibe es una maleta (la carta) y con ella una invitación a viajar… propone un viaje por los aromas, texturas y sabores del mundo! De esta manera, y de forma sensorial, puedes saltar de sabores griegos a franceses, marroquíes, o ir mucho más lejos probando platos de inspiración india, tailandesa. Las cartas-maletas han sido confeccionadas manualmente y son todas diferentes ¡Diseño gastronómico para acoger a un Ganso!

Copiando la forma que tiene un periódico español de gran tirada en sus entrevistas de la contra, me permito daros un pelín de envidia con el menú de nuestra visita para que os animéis a pasaros por este gran restaurante alteano. La carta es esencialmente vegetariana por lo que nos homenajeamos con:

- quiche de queso azul con almendras
- ensaladas frescas y deliciosas de rúcula, de canónigos y espinaca fresca
- parrillada de verduras
- croquetitas de setas
- arroz a lo oriental

Como «piezas de resistencia»:
- Rutcus, parecido al cuscús pero vegetariano
- Ruthai, similar al Pad-thai

Y de postre una rica tarta de manzana, a medio camino entre la Tatin francesa y la Strudel alemana.

¿Qué tal? ¿Cómo estás? —wow, este sitio es una pasada, está muy bien decorado, me encanta el bodegón-racimo-presentación que has hecho con nuestras zapas!

La verdad es que no podría estar mejor situado, en un rinconcito del casco antiguo, muy cerca de la iglesia… si vienes caminando por la zona peatonal (afortunadamente desde casa los coches ni se oyen!) con el suelo típico de Altea, hecho de cantos rodados, uno se encuentra con la terracita de Como en Casa, rodeada de plantas. La casa en sí nos recibe con un enorme portón de madera de iroko de color azul y un cortinaje largo hecho con red de pescador. Todavía en la terraza también uno puede leer la carta en un antiguo lavabo, iluminado con un cántaro de aceite.

 

Es verdad, pero las sorpresas continúan en el interior… 

Sí, en la entrada hay muebles antiguos hasta llegar al salón de la casa, el rincón con la chimenea, otro más de estilo árabe, otro rústico, y recovecos y anaqueles con libros como los de casa ni más ni menos.

 

La iluminación es importante, tenue y con velas, se proyecta sobre todos los detalles, el resultado es muy muy acogedor..

Terraza entrada Como en casa

Entrada de Como en Casa.

 

Zapas macetas

Lo más elegante para tus plantas, de los pies. El pie grande lleva fresón y el azul hierbabuena.

 

¿Qué te parece si empezamos por el principio? O no tan al principio, a ver si me explico, un tema tan definitivo y arraigado para unos como lo es cambiante para otros: como una vocación, si no me equivoco en tu caso la primera inclinación fue hacia las artes escénicas… ¿por qué escogiste este camino?

Soy artista. Desde que recuerdo… Creo que lo somos todos: todos somos creadores. Afortunadamente crecí en una familia de artistas y con la oportunidad de desarrollar esa faceta. Por supuesto, tras el mandato paterno de «¡No!, ¡estudia Ciencias Empresariales que tiene salida!», empecé haciendo caso y continué compaginándolo con el Arte Dramático, para quedarme finalmente con esto último, que me motivaba mucho más y tenía más que ver con mi espíritu. ¡Y mira tú! En el año 2000 formé una S.L. con otras actrices de la misma escuela, con la que producíamos teatro. La compañía Bollería Fina. Con lo que finalmente uní el arte con la empresa. Considero que hay mucha fuerza en la unión. Sinergia… seguramente por eso me parece tan atractiva la idea de El Ganso, Como en Casa ¡jeje!

 

¿Qué o quién influyó más en tu decisión? Es decir, ¿cuál es el dramaturgo del que hayas sacado más relecturas? ¿o qué te emociona más: el cine o el teatro?

Me preguntas que quién influyó… muchos artistas, desde luego. Artistas y pensadores. Lorca, Krishnamurti, Hundertwasser; me atrae, me seduce cualquier planteamiento artístico que invite a una reflexión que pueda hacerme crecer. Pero mencionaré especialmente en esta ocasión a Miguel Narros, que falleció el pasado 21 de junio. Contaba yo con poco más de diez años cuando le conocí. Era entonces director del Teatro Español. Bailamos juntos y dijo: «¡esta niña tiene que ir al Ballet Nacional!». ¡Yo me emocioné y pensé que iba a ser bailarina! Ese camino no lo seguí pero me metí varias veces entre bambalinas en el Teatro Español. Y mira, al final: actriz. Él mismo me dio clase muchos años después…

Y tal vez por eso si me preguntas ¿cine o teatro? Respondo Teatro. ¡Pero no sólo por eso! He hecho televisión también, y cine pero lo que más, teatro. Por eso puedo decir, con conocimiento de causa que aunque todo es interesante, lo que está claramente más vivo, lo más intenso, lo que más enseña, lo más real, es el teatro. ¡Que está vivo!

 

Por otro lado, parece que los inicios en este sector nunca son fáciles ¿fue así tu experiencia? Mi hermana (que también trabaja en El Ganso) hizo sus primeros pinitos como modelo y actriz, y el número de anécdotas que nos ha contado de esa época es considerable, siempre descacharrantes, ¿te gustaría compartir con nosotros alguna historia de esa época? ¿Con quién o en qué proyecto estuviste más a gusto trabajando?

Tienes toda la razón, Carlos. Los inicios no son fáciles nunca y menos cuando lo que está en venta es algo tan delicado como tu imagen. Ese fue el motivo por el que, al terminar la escuela en 1998, y tras probar el sabor de la frustración y otros sinsabores, montamos la compañía de teatro. Así nos daríamos trabajo a nosotras mismas y a otros artistas de otros sectores (amigos escritores, directores, iluminadores, escenógrafos). La idea era la de convertirnos en una plataforma de apoyo para todos… ¡y para nosotras, claro! Y como con Bollería Fina lo que hacíamos era teatro, de verdad, Carlos, que necesitaría varias noches para contar anécdotas desternillantes de las funciones y de las giras. Alfonso Lara, director de nuestro montaje “Ilusiones Rotas”, es buenísimo para eso!

Pero mira, antes de eso, uno de mis primeros trabajos con cámara fue una publicidad que se rodó en Milán. «Testimonial», es decir, ese tipo de anuncios en que sale una persona contando su experiencia con el producto. Alguien me chivó: «en el casting, ¡no digas que eres actriz! que no quieren actrices!». Así que no mencioné ese detalle. Me eligieron. A mí y a otras cuatro chicas más. Nos conocimos en el avión yendo a Milán ¡Éramos todas actrices! Silenciadas… pero fíjate, habían creído más el testimonio de «las profesionales» que el del resto (si es que hay que ponerle teatro a las cosas, es evidente! jeje)

Luego, haciendo teatro… es que hay costumbre de, en las últimas funciones hacer bromitas y eso me encanta…

 

Yo he hecho muchos cambios en mi vida, pero siempre sin pesar, porque anticipaba la riqueza de un nuevo ámbito, otro lugar, otra gente; además, puede significar una buena oportunidad: salir de la zona cómoda en la que estamos establecidos para perseguir un sueño o un no sé qué. ¿Cuál fue tu principal motivación para ese giro copernicano en tu vida: pasar del cine a la gastronomía? ¿Desde una gran metrópolis a una pequeña ciudad?

Cocinar me gustó siempre y desde hacía años, recibiendo amigos en casa, he escuchado «Ruth, deberías abrir un restaurante». Juntamos esto con la dificultad de ganar dinero con el teatro y llegamos a Como en Casa! No están tan lejos, Carlos. No hay tal gran cambio sino que fue una transición. Para empezar abrí con dos actores y un bailarín —trabajábamos juntos en el teatro— y proyecté la idea con pensamiento teatral. Me di cuenta de que era muy parecido: escenografía (mesas y sillas), iluminación, música, personajes (camareros, cocinera) y hasta programa de mano (la carta). En Como en Casa no ofrecemos cenas exactamente sino más bien una experiencia. Esa es otra similitud con el teatro. Y he organizado conciertos en casa, lecturas de poesía, exposiciones.. en fin, que es casi un espacio multicultural en donde poder abrazar a un ganso también!

¿No es así como se dice? ¿La vida es teatro? Pues eso hacemos: vivir y ofrecer vida. Como te dije al principio, generalizo la definición de artista. Y Como en Casa me da la posibilidad de seguir creando (las cartas-maletas y el viaje sensorial). Aparte de permitirme poder seguir pintando o modelando (el restaurante es de temporada nada más).

La diferencia más notable ha sido la de pasar de la ciudad al pueblito. Ahí sí que el cambio es fuerte y hasta drástico, Carlos. Eso es verdad. Y nunca antes me encontré tan «en mí». La calma de vivir en un ritmo más natural (¡no en verano!) me ha permitido descubrir cosas y disfrutes que tenía dormidos! Y aquí hasta puedo cultivar la huerta, más complicado en Madrid! Y me fascina.

 

Hablando de huertas… de alguna forma, y salvando las distancias, nos considero afines en el ámbito de lo conocido como slow. Ya sea slow food o slow fashion, he percibido que son categorías muy extendidas en países como Francia o EE.UU. y si bien no están todo lo extendidas que debieran en nuestro país, poco a poco, se descubren brillantísimas excepciones. Nos puedes contar cómo ves tu restaurante dentro de este contexto: una labor hecha con dedicación, con preocupación por la cultura (en general y de la gastronomía o de la moda en particular) y el medio ambiente, en la selección de buenos proveedores locales o incluso cultivar uno mismo, en la alegría y la suerte que suponen llevar a cabo un trabajo hecho con ética y responsabilidad social: en definitiva una elección de un estilo de vida.

Entiendo la responsabilidad como una manera de encarar la vida. La aceptación y el respeto a la vida son mis máximas. Y vida, Carlos, es todo! No sólo tú y yo, también este arbolito que tenemos aquí, las verduras, el pollo, el mar y hasta las piedras. Y soy responsable de parte de esa vida. No quiero ponerme muy profunda ni entrar en espiritualidades, pero me gustaría pensar que lo que ofrezco (y como te dije, no sólo son cenas, es un espacio, ahora también El Ganso) está respetado. Respeto los tiempos de mi huerta (¡tan bella, tan generosa!) que sólo necesita sol, agua y pequeños cuidados (ningún químico ni artificios… ¡por cierto, te puedo dar trucos de fertilizantes naturales o insecticidas que te sorprenderían!). Más de una vez, Carlos, ¡más de una vez! ha venido un comensal diciendo «¿puedo hablar con la cocinera —que soy yo—?», «gracias… das de cenar Amor». ¡Varias veces me lo han dicho, Carlos! ¡Creo que de actriz nunca recibí un aplauso igual!

Alguna vez he hecho reiki a los platos (en realidad sólo un par de veces) y te aseguro que la gente salió francamente mejor de lo que entró. Ése es el éxito para mí. Esa es otra diferencia entre los dos shows: en este caso hablas con el público. En el teatro lo percibes pero no tienes trato directo con él.

La carta es básicamente ovo-lácteo vegetariana, como yo… pero como te decía antes, respeto y aceptación, respeto y acepto todas las tendencias por tanto ofrezco también pollo con unas deliciosas patatas al limón (esas sí las como! jeje) y solomillo con salsa de mostaza a l’anciennè. He incluido (por necesidad del público) muchos platos sin gluten y veganos. ¡Cada vez hay más celíacos! ¡Hay que aceptar eso también!

 

Desde luego.. ¡todo muy apetitoso!

Gracias de nuevo, Ruth, ha sido un auténtico placer.

 

(…)

 

Corner

Córner de zapatillas El Ganso con el cartel de Como en Casa detrás.

 

maletas

Cartas-maleta de Como en Casa, que nos acompañan en el viaje gastronómico, están decoradas con pegatinas y recuerdos de los viajes de Ruth por el mundo.

 

Rincón árabe

Uno de los rincones de Como en Casa.